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Por qué Spotify compondrá la mejor canción de la historia

Robots bailando música

Hace casi 75 años el músico Bing Crosby batió un récord de ventas hasta la fecha no superado, consiguiendo más de 50 millones de copias vendidas con su single White Christmas. Un cóctel de estereotipos americanos y navideños que supuso un rotundo éxito en el mercado  y supo dar al público lo que demandaba en ese momento.

Seguro que muchos ojeadores de tendencias y modas del momento estuvieron implicados en su producción, y utilizaron muy pocas herramientas más allá de su propio ingenio. ¿Te imaginas qué se podría llegar a alcanzar hoy en día, con el conocimiento actual de los consumidores del siglo XXI y el potencial de las futuras tecnologías digitales?

Una industria en continua reinvención

Y es que la industria musical ha sido objeto de muchas reinvenciones desde finales del siglo pasado. Napster inició la travesía de una manera más intensa en 1999, no sin múltiples piedras en el camino, enfrentándose a una poderosa industria reacia a repensar sus tradicionales modelos de negocio (quien esté libre de pecado que tire la primera piedra).

Un statu quo que sigue redefiniéndose hoy en día, con nuevos entrantes digitales como Spotify con sus 100 millones de clientes (30% de pago), Apple y su remozado servicio de música tras los anuncios del reciente WWDC 2016, o el último anuncio de Amazon presentando su nuevo servicio de música bajo suscripción.

 

Música digital

Una interesante competición, sin duda, aunque desde mi punto de vista la batalla interesante estará más allá de vender minutos de música por Internet.

La verdadera oportunidad digital

En mi opinión, la verdadera oportunidad digital de estos modelos de negocio -y de muchos otros- no es extrapolar los enfoques y comportamientos físicos de los consumidores al mundo digital.

¿Escanear un libro de texto y cargar a los alumnos con IPads en sus mochilas es transformar digitalmente la industria editorial y el sector educativo? ¿Acceder a tu historial clínico o pedir una cita con tu médico por el móvil es transformar digitalmente la industria sanitaria?

Honestamente creo que no. La verdadera oportunidad digital está en crear nuevos modelos de negocio a través de un pensamiento lateral más desarrollado y a la observación de innovaciones en otras industrias.

La mejor canción de la historia

En el caso concreto de la industria musical y de los nuevos entrantes digitales como los mencionados, una de las características más interesantes y prometedoras de sus modelos de negocio es el conocimiento de los patrones de comportamiento de sus clientes –fans de sus grupos y cantantes– que en algunos casos resulta apabullante.

Qué tipo de usuario eres a nivel sociodemográfico; qué canciones te gustan y cuáles son tus preferencias; en dónde y cuándo te gusta escucharlas; con quién te relacionas en las redes sociales, y otros muchos ejemplos que les permiten tener un nivel de entendimiento muy alto sobre tu persona, así como de las modas y tendencias musicales del momento. Algoritmos que actúan como ojeadores electrónicos en un mundo digital.

Suscripción musical

Y si conocen las características objetivas de una canción de éxito, ¿quiénes mejor que ellos para componerla? Las oportunidades para generar nuevos contenidos adaptados a los gustos reales y a los patrones de éxito observados son claras hoy en día, y ya comienzan a existir experiencias de éxito en el mercado:

  • Shazam puso en valor todo el conocimiento que obtuvo a través de su app para reconocer canciones a través del móvil, para identificar los gustos de sus clientes y ofrecer servicios a las discográficas para optimizar las rutas de los conciertos o identificar qué singles serían más exitosos en ciudades o países concretos.
  • Netflix analizó la información recopilada en sus casi 20 años de historia, identificando los patrones de éxito y produciendo una serie de televisión que compliera con todos ellos: House of Cards.

En definitiva, oportunidades de negocio para predecir el comportamiento de los clientes y actuar en consecuencia. Y Spotify, con sus más de 100 millones de clientes y miles de billones de canciones reproducidas desde su lanzamiento en 2008 creo que tiene las herramientas para ello.

Los datos, el petróleo del siglo XXI

Recientemente el presidente ejecutivo de Telefónica, Álvarez-Pallete, declaraba tenemos datos mucho más potentes de los que tendrán Google o Facebook. Afirmación nada baladí, ya que gracias a sus servicios relacionados con la casa conectada (televisión con Movistar, seguridad con Verisure, comunicaciones fijas y móviles…) el nivel de información sobre sus clientes y las posibilidades de monetización son abrumadoras.

Desde mi punto de vista, una de las claves del éxito de las empresas líderes del futuro será el contar con modelos de negocio basados en plataformas digitales que les permitan mantener la relación con el cliente final. Y de esta manera, poder capturar toda la información posible entorno a ellos y ponerla en valor en otros modelos e incluso en otras industrias.

Parece que Spotify está en ello, y gracias a sus estrategias de negocio digitales están creando nuevos servicios (Discover Weekly realizando recomendaciones altamente personalizadas) y experiencias (alianzas con Uber y permitiendo el inicio de tu música favorita al entrar en un vehículo) que le podrían posicionar como un líder en un futuro cercano basado en datos y algoritmos.

¿Pondrá Spotify en valor todo su conocimiento y compondrá la mejor canción de la historia? Quizás un algoritmo la componga, pero ninguna tecnología podrá sentir el placer de escuchar una buena canción mirando al mar.

Los humanos todavía tenemos mucho que decir.

El móvil ha muerto

movilFuturo

Algunos estudios recientes pronostican cómo en el año año 2020 habrá más personas con dispositivos móviles que con agua corriente. Otros proclaman a los cuatro vientos la “Regla del triple 90”: 90% de la población desarrollada con dispositivos móviles que, durante el 90% del tiempo no se aleja de 90 centímetros de él, noche y día incluidos. Pero, a riesgo de ir contra todas las estadísticas habidas y por haber, mi opinión es clara: el teléfono móvil ha muerto. O al menos, tal y como lo hemos conocido.

Dentro de pocos días Barcelona hospedará la Mobile World Congress, cita de referencia mundial en el ámbito de la movilidad con una afluencia esperada de más de 95.000 visitantes, y un eslogan más acertado que nunca: Mobile is everything. E igual es una pura cuestión de semántica, pero desde mi punto de vista estamos viviendo una época en donde el teléfono móvil se está desmaterializando tal y como lo hemos conocido, dejando de ser un dispositivo físico concreto (pocos botones, mucha pantalla y más potencia de cálculo que la que el Apolo XI necesitó para ir a la Luna) para convertirse en un potentísimo asistente personal ubicado en nuestro bolsillo, en nuestra muñeca o en nuestros ojos. Es decir, ubicuo en nuestras vidas.

“The most profound technologies are those that disappear. They weave themselves into the fabric of everyday life until they are indistinguishable from it” –Mark Weiser.

Aunque para ser sinceros, en mi opinión el cambio más relevante que veremos durante los próximos años no será algo físico -que también-, sino en la manera de interactuar con ellos. Cambia la interfaz y cambiarás el mundo, decía recientemente James McQuivey, analista de Forrester, hablando sobre las innovaciones que Microsoft está preparando en el campo de la visión holográfica.

Y es que desde mi punto de vista, la manera que tendremos de relacionarnos con los dispositivos tecnológicos del futuro estará basada en los cinco sentidos humanos:

  • La vista, permitiendo incorporar a lo percibido por nuestros ojos en el mundo físico una capa digital para incorporar (visión de pantallas holográficas…) o enriquecer (realidad aumentada…) lo observado a través de gafas, lentillas o otros dispositivos inteligentes por inventar. Analistas independientes como Digi-Capital estiman el mercado de la realidad aumentada en $120 billions para el año 2020.
  • El oído, facilitando una comunicación hablada y en lenguaje natural con una nueva generación de aplicaciones, así como nuevas técnicas de computación cognitiva que le permitan aprender de manera autónoma y relacionarse con nosotros de una manera más natural. Empresas españolas como Repsol y La Caixa ya están explorando sus posibilidades.
  • El tacto, logrando interactuar con la tecnología a través de nuestras manos y los gestos que podamos hacer con ellas, tal y como en ciertos contextos se comienza a llamar el “H2M” o human-to-machine.
  • Así como el gusto y el olfato, menos desarrollados en la ciencia actual pero con prometedoras oportunidades en la redefinición de la relación hombre-máquina como las nanopartículas comestibles para personalizar el sabor o las smelling screens.

Y el resto a la Nube. Porque a estas alturas todos asumimos que lo de menos es el hecho de “llamar”. Vestibles o no, parece que serán nuestros asistentes más personales, estableciendo una nueva relación entre hombres y máquinas, en donde quede claro quién está al servicio de quién.

Una era digital en donde este conjunto de nuevas tecnologías serán habilitadoras de nuevas oportunidades en las empresas reimaginando sus modelos de negocio, rediseñando las experiencias de sus empleados y clientes, y automatizando sus operaciones.

El móvil ha muerto. Larga vida al móvil.

Una vida digital: Haciendo deporte

deporte

Viernes, 1 de marzo de 2024.

Querido diario.

(Viene del artículo “Una vida digital: Al restaurante”)

Haciendo deporte

Después de una intensa semana de trabajo, no había nada mejor que comenzar el fin de semana haciendo un poco de deporte con los amigos. ¡Mens sana in corpore sano!

En esta ocasión habíamos planificado participar en un torneo de pádel (muy) amateur. Así podríamos practicar uno de nuestros deportes favoritos, y por qué no, intentar mejorar un poco. Además, sería un gran momento para estrenar la equipación de Ralph Lauren que me regalaron hace un par de meses, que aparte de estar repleto de sensores que esperaba me ayudarían a mejorar mi técnica, me quedaba fenomenal 🙂 Esto de la fusión de la moda y la tecnología no tiene freno.

El torneo resultó bastante divertido, y aunque mi compañero y yo no ganamos ningún premio mayor, sí quedamos primeros en el ranking de la pareja en mejor estado físico (puntos ganados con respecto al ritmo cardíaco registrado por nuestros sensores), y terceros en el ranking de la pareja más efectiva (puntos ganados con respecto al número de pasos dados en la jugada). Menos mal que hacía unos años crearon estos nuevos premios otorgados por jueces digitales como sensores y cámaras de vídeo en alta resolución, porque si no, nos habríamos vuelto -de nuevo- con las manos vacías.

La verdad es que esta es una de las cosas que me resulta más atractiva de este tipo de torneos. Gracias a la gran cantidad de información que recogen sobre tus partidos a través de tus wearables de las cámaras en alta definición, la organización es capaz de enviarte un informe personalizado sobre tus patrones de juego y recomendaciones para mejorar.

A media tarde aprovechamos para darnos una vuelta por la zona de exposiciones, y aparte de recibir consejo sobre unas nuevas plantillas para las zapatillas que imprimiría en 3D en casa, tampoco vimos gran cosa. Como siempre, muchas carpas de gimnasios y centros de entrenamiento con showrooms en donde podías simular echar un partido profesional con gafas de realidad aumentada; o simular en grandes pantallas cómo te sentarían las nuevas colecciones de ropa. Vaya, los típicos ejemplos de fusión del mundo físico y digital que tanto hemos visto durante estos últimos años.

Al final del día, y tras recibir la actualización de la clasificación del grupo de amigos y echarnos unas risas entre todos, quedaba el mejor plan de toda la semana. Duchita, amigos… y las cervecitas de después.

Continuará.

Web

Este artículo forma parte de una serie titulada “Una vida digital”, en donde describiré mi entendimiento sobre cómo podría resultar un posible día habitual dentro de diez años, en convivencia constante y transparente con una nueva generación de tecnologías inteligentes:

¡Buenos días!

A la ducha

De camino al trabajo

Al restaurante

Haciendo deporte

Los ganadores del CES

CES

Decir hoy en día que la tecnología está presente en cada minuto de nuestras vidas podría resultar una obviedad para muchas personas, pero cuando el resto de no aludidos echaran un vistazo a las innovaciones que se nos aproximan -mostradas en ferias como la reciente CES en Las Vegas– estoy convencido de que la obviedad se generalizaría.

En Europa contamos con ferias tecnológicas de primer orden como el CeBIT en Alemania y el Mobile World Congress en España, pero es el CES americano el rey de todos los congresos techies. Más de 3.600 expositores y 170.000 visitantes (un 30% de fuera del país) avalan esta afirmación, y es que es en Las Vegas en donde los principales fabricantes del mundo enseñan sus apuestas tecnológicas para el próximo año.

En mi opinión, independientemente de pantallas curvas a las cuales no le acabo de ver la gracia y drones voladores revitalizados, el podio de ganadores ha sido el siguiente:

  • El coche inteligente llevado a su máxima expresión. Los pesos pesado del sector de la automoción lo tienen claro, y en las principales sesiones del CES los responsables de Mercedes-Benz, BMW y Tesla mostraron sus propuestas hacia una conducción semi-automática. “Semi” porque a corto plazo nadie piensa que ningún país autorice vehículos conducidos por un ordenador; pero también “automática” por la apuesta continua para automatizar los sistemas de apoyo al conductor -como por ejemplo la toma automática de curvas en autopistas- y el entretenimiento digital de sus pasajeros.
  • Llévatelo puesto. La apuesta por los wearables sigue siendo muy fuerte, independientemente de los problemas reales que están teniendo líderes como Apple con  su reloj -anunciado ya hace cinco meses y sin fecha conocida de presentación- y Google con sus gafas inteligentes -máximo responsable del proyecto recién destituido por sus pobres resultados-.
  • Sensores, sensores y más sensores. Encontrar un sensor que mide la temperatura en un biberón, la velocidad en una zapatilla o la humedad en un tendedero ya comienza a entrarnos en la cabeza como algo normal, y en el CES así se ha continuado. Pero ojo, la tecnología no para y ya comienza a hablarse de nuevas innovaciones como el MEMS con resultados reales encima de la mesa. ¿Y qué es MEMS? Sistemas Microelectromecánicos, o en cristiano, pequeños robots del tamaño de la cabeza de un alfiler capaces de registrar información a través de micro-sensores y transmitirla a dispositivos más grandes y potentes.

Tecnologías enfocadas al consumo personal, pero que en mi opinión deben de ser analizadas de una manera frecuente y detallada por las empresas, buscando oportunidades para introducir dichas innovaciones en sus modelos de negocio, teniendo ejemplos hoy en día tan claro como las aseguradoras, las energéticas o todo el sector de consumo en su globalidad.

Y es que en muchas ocasiones, el consumidor digital va más rápido que las propias empresas, y aquello que muchos han venido a llamar la consumerizacion (tendencia creciente en la cual las nuevas tecnologías surgen primero en el mercado del consumidor y luego se propagan hacia las empresas) se hace una realidad.

Agárrense, que vienen curvas 🙂

Una nueva nativa digital

nativaDigital

Hace algunas semanas nuestra primera hija vino al mundo, y junto con una gran ola de felicidad no pocos cambios llegaron a nuestras vidas. Novedades que seguro que todos los padres han experimentado de una manera u otra a lo largo de los últimos siglos, pero que enmarcados en la sociedad digital en la que nos estamos adentrando hacen pensar que solo es el inicio del cambio que nos queda por disfrutar.

Está claro que las nuevas generaciones están preparadas para el cambio desde el primer minuto. Es más, muchas madres todavía embarazadas ya controlan los ritmos cardíacos de sus hijos simplemente posando móviles en sus vientres, por lo que la relación de los pequeños con la tecnología viene incluso antes de nacer.

Un vínculo que sin lugar a dudas hará cambiar la manera en la que las empresas se relacionarán con sus clientes, ya sean estos los padres, los niños, o más apropiado en estas fechas, los mismísimos Reyes Magos (Amazon España afirma estar ante las mejores Navidades de la historia, estimándose crecimientos del 18% y más de la mitad de los pedidos realizados a través de dispositivos móviles).

Que los padres del siglo XXI ya usan aplicaciones móviles para controlar todo lo relacionado con sus bebés, comienza a ser una realidad. Toma de leche de tantos minutos a tal hora, cambio de pañal a esta otra… y más información que sirve a modo de cuaderno de bitácora para sus progenitores. Pero toda esa información se registra de forma manual (es la madre o el padre quien introduce los datos) y aislada (no comparada o compartida con terceros).

¿Se te ocurre alguna oportunidad para quien consiga automatizar e integrar todo este ecosistema? Las tecnologías necesarias ya existen, y en algunos casos incluso se encuentran disponibles en el mercado:

  • Chupetes que miden la temperatura del bebé y la registran en el móvil de sus padres
  • Pañales que controlan su nivel de humedad y avisan que necesitan ser cambiados
  • Sensores que informan cuando el pequeño se ha despertado

La adecuada combinación de elementos como estos en un nuevo modelo de negocio sería lo que podríamos llamar un verdadero Win-Win: teniendo a los pequeños más controlados (y ofreciendo datos en tiempo real a los seguros médicos); manteniendo a los pequeños más limpios (y vendiendo un mayor número de pañales); informando a los padres sobre el estado de sus hijos (y conociendo mejor sus patrones de consumo). En definitiva, una nueva generación de información automatizada por la cual muchas empresas estarían interesadas para desarrollar nuevos productos y servicios.

Pero cuidado, no nos vayamos a pasar de la raya y creemos nuevos inmigrantes digitales. Los avances tecnológicos deben unir y no dividir (ojo a la brecha digital), y aunque la ciencia nos permita ayudar a los Reyes Magos buscando el regalo perfecto por Internet, no dejemos de llevar a nuestros hijos a visitar a sus Majestades y de echar sus cartas escritas a mano en los buzones reales. Como dijo el periodista Alberto LLeras, un pueblo sin tradición es un pueblo sin porvenir.

Bienvenida al mundo, pequeñaja.

El dinero invisible

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Karl Marx dijo una vez que el dinero circula porque tiene valor, pero que el papel moneda tiene valor porque circula. Y no le faltaba razón, más teniendo en cuenta el momento de la historia en el que lo manifestó. En un mundo tan complejo como el actual, el concepto del dinero ha evolucionado enormemente y se ha concretado en múltiples soportes físicos y virtuales, que van desde el papel o el plástico de nuestras tarjetas de crédito hasta las monedas virtuales. En una sociedad cada día más global, social e interconectada, ¿cuál será el próximo oro digital?

Desde hace tiempo, para un importante colectivo de consumidores el dinero en efectivo es algo residual en sus vidas; la repetida pregunta de “¿cobra con tarjeta?” al subir a un taxi; la sensación de incomprensión ante un parquímetro que solo acepta monedas; una copia de respaldo de su dinero en el mundo físico. Pero poco a poco, empiezan a emerger en el mercado nuevas oportunidades y ese grupo de consumidores será cada vez más amplio.

Y es que, aunque desde hace muchos años han existido opciones para las personas puedan cobrar su sueldo y disfrutar del dinero sin que físicamente pase por sus manos, recientemente están surgiendo nuevas disrupciones tecnológicas que mejorarán la experiencia del cliente a la hora del pago. Alternativas como PayPal Beacon, que representa un buen ejemplo sobre cómo simplificar en una tienda física el proceso de compra desde el móvil. Y en términos generales, eso de facilitar la compra de nuestros productos a los consumidores, suena bien.

Sin embargo, desde hace unos años existe una alternativa más ambiciosa al sistema de pagos como lo conocemos. Una moneda electrónica que, con sus riesgos de transparencia y volatilidad, opera sin bancos ni intermediarios, llevándose a cabo de manera colectiva por Internet. Su nombre es Bitcoin.

Con fuertes aliados, pero más importantes grupos de presión en contra, Bitcoin representa una nueva divisa electrónica P2P, que nace con vocación de ser la primera moneda digital descentralizada y no controlada por gobiernos ni bancos. Una incomodidad para muchos, una oportunidad para todos.

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Evidentemente, una disrupción como esta se ha encontrado con importantes barreras que buscan proteger los modelos de negocio tradicionales en ámbitos tan robustos como los bancos, las financieras o las agencias de cambio de moneda. Grandes jugadores que temen las implicaciones de un modelo basado en la economía colaborativa, pero que deberían de ser capaces de identificar lo mejor de cada disrupción e inyectarlo en su propio ADN.

Probablemente Bitcoin, Amazon Coins o PayPal Beacon no harán temblar las bases de nuestros sistemas financieros, pero seguramente deberíamos de observarlos como un primer capítulo en la adopción de nuevas divisas digitales. El consumidor busca simplicidad en su proceso de compra, y la era digital en la que nos adentramos estará plagada de oportunidades al respecto.

Computación ubicua, comercio electrónico silencioso… Y tú, ¿ya sabes cómo mejorar la experiencia de compra de tus clientes con este nuevo oro digital?

Una vida digital: Al restaurante

restaurante

Viernes, 1 de marzo de 2024.

Querido diario.

(Viene del artículo “Una vida digital: De camino al trabajo”)

Al restaurante

La mañana en el trabajo ha resultado muy interesante, y aunque no lo parezca, sin mucha tecnología de por medio. Habitualmente reservamos la mañana de los viernes para reuniones presenciales, así como para interactuar con otros compañeros en la oficina. Y es que a veces, por mucha videoconferencia y sistemas de teletrabajo que tengamos en nuestras casas, es necesario estar cerca de tus compañeros, charlar, y tener la cercanía que en algunos casos el hecho de trabajar desde casa podría llegar a desgastar.

Reuniones por aquí, presentaciones internas por allá, y la mañana ya estaba casi cerrada. Del gran fin de semana que me esperaba solo me separaba una comida con los compañeros del trabajo. ¡A comer! Cerca de la oficina tenemos un par de restaurantes de confianza, pero dado el número de compañeros que íbamos a ir, esta vez nos decantamos por AcmeKitchen. Buena comida, ambiente agradable, y sobre todo una experiencia para sus clientes inmejorable.

Como utilizamos mi perfil virtual para hacer la reserva, fueron mis preferencias las que determinaron la hora y mesa asignada. Siempre busco un ambiente con buena iluminación y cierta privacidad en la sala, por lo que, a través del sistema de precios dinámicos del restaurante, se nos sugirió una buena mesa a una hora fuera de la afluencia máxima de clientes, y a buen precio.

Con todas las tareas finalizadas en la oficina, los compañeros y yo nos dirigimos al restaurante, dentro del cual nos dio la bienvenida una amable señorita y la omnipresente publicidad contextual –eso sí, mucho más discreta que en otros ambientes– y personalizada.

Una vez identificados todos los comensales, mientras degustábamos unas tapitas adaptadas a las necesidades alimenticias de cada uno, los despistados que todavía no habían pedido sus platos aceleraban para hacer su selección en base a sus preferencias y estados físicos actuales. Lo demás charlábamos animadamente sobre los planes que teníamos para el fin de semana (¡demasiados partidos de baloncesto y fútbol sala para las canas que juntábamos entre todos!).

Lo importante era lo importante, así que era el momento de centrarnos en la carne y dejar los gadgets y la tecnología para otro momento. Acepto comer con los cubiertos inteligentes, pero no acabo de ver eso del implante en la muela para controlar la alimentación.

Buena comida, mejor conversación, y estamos listos para comenzar el fin de semana. Y lo mejor, ¡nos fuimos sin pagar! Tranquilos, todo controlado. Como ya estábamos identificados, todo quedó registrado en nuestro perfil. Solo me quedaba por recoger un pequeño paquete que había comprado por Internet y que automáticamente se había identificado a AcmeKitchen como punto de entrega, librándome de gran parte de los gastos de envío. Eso sí que es una experiencia data driven y customer focused.

Ahora sí… ¡que comience el fin de semana!

Continuará.

 

Este artículo forma parte de una serie titulada “Una vida digital”, en donde describiré mi entendimiento sobre cómo podría resultar un posible día habitual dentro de diez años, en convivencia constante y transparente con una nueva generación de tecnologías inteligentes:

¡Buenos días!

A la ducha

De camino al trabajo

Al restaurante

Una energía inteligente

smartEnergy

Hoy en día cuesta imaginar algo más presente en nuestras vidas que la tecnología, pero si lo piensas un poco es fácil detectar una cosa que, no sólo es más ubicua que ella, sino que es vital para su funcionamiento: la energía. La energía nos ayuda a viajar, a alimentarnos y a trabajar, por lo que claramente podríamos considerarla como un recurso vital en nuestras vidas.

Por otro lado, la tecnología y las tendencias de negocio digitales están impulsando al sector energético a explorar nuevas posibilidades de redes inteligentes o smart grids, que sin duda mejorarán la resiliencia de las redes de distribución, integrarán a los consumidores con los mercados de energía y permitirán nuevos modelos de aprovisionamiento impulsando la digitalización del sector.

¿Y qué hacer con un recurso vital a punto de sufrir una gran transformación? Prepararse.

En España estamos comenzando a dar los primeros pasos hacia un nuevo escenario en donde, si lo hacemos bien, contaremos con una energía más inteligente. Tal vez en algunos meses comenzaremos a convivir con contadores inteligentes o smart meters en nuestras casas que reemplazarán antiguas cajas, y traerán consigo un buen saco de oportunidades más allá de la telegestión y ahorro de la visita del “señor de la luz”.

Gartner Smart Grid Key Initiative Overview

Desde el punto de vista de las empresas proveedoras de energía, planteando nuevos modelos de negocio digitales que pongan en valor el conocimiento detallado de los patrones de distribución y consumo energético de sus clientes, y ayuden en cuestiones tan relevantes como el análisis predictivo de la demanda, la optimización y la comercialización dinámica.

Desde el punto de vista de los consumidores, facilitando la construcción de redes domésticas que gestionen sus tecnologías de una manera consistente (integrando servicios domóticos, multimedia o de seguridad como los recién adquiridos por Google) y eficiente (ajustando el funcionamiento de sus sistemas no críticos -como los electrodomésticos- a las franjas horarias de menor demanda y consecuente menor coste).

Sin lugar a dudas, un nuevo escenario energético en donde la tecnología tendrá un papel cada vez más relevante en los modelos de negocio que lo sustenten:

  • Convergiendo los diferentes mundos tecnológicos de las empresas de servicios (la IT o Information Technology más tradicional con los ERPs o CRMs; y la OT u Operational Technology más operativa con las redes o los sensores).
  • Integrando nuevos mecanismos de seguridad que protejan un recurso vital para clientes, empresas y sociedad a través de iniciativas de ciberseguridad lideradas por el CNPIC (Centro Nacional para la Protección de las Infraestructuras Críticas).
  • Construyendo nuevos enfoques que pongan en valor toda la información que se generará, y concibiendo los datos como el petróleo del siglo XXI.

Nuevos retos, nuevos riesgos, nuevas oportunidades. ¿Te animas?

Impresiones en 3D

3DPrinting

De manera más o menos recurrente los medios de comunicación suelen hacerse eco de nuevas tendencias tecnológicas que prometen cambios significativos en nuestra manera de vivir o de hacer negocios. Disrupciones que, cuando se materializan en un objeto físico concreto como por ejemplo unas gafas o un coche (por supuesto, todos con la omnipresente etiqueta de “inteligente”), generan noticias atractivas para el espectador y ayudan a llenar los telediarios.

Y si esto ocurre con un mero objeto, ¡qué pensar sobre otras innovaciones que ayuden a “imprimir” objetos en el propio salón de tu casa! Hablo de las impresoras 3D.

Aunque la tecnología que sustenta la impresión 3D existe desde los años 80, en los últimos años ha cobrado un inusitado protagonismo por la presencia de alternativas a precios muy asequibles, que van desde los 500 euros, y permiten tener una impresora tridimensional en tu propia casa. Ahora bien, ¿será un producto atractivo en el mercado doméstico? ¿Qué oportunidades brindará en el panorama empresarial? ¿Y qué hay sobre los retos que supondrá este tipo de innovaciones en cuestiones tan importantes como la seguridad o la propiedad intelectual?

Muchas preguntas encima de la mesa, pero pocas respuestas claras a día de hoy. A día de hoy, la técnica que permite la “adición” o impresión de objetos está consolidada, pero todavía le falta para considerarla madura. Existen muchas investigaciones para crear nuevas resinas como los termoplásticos, los fotopolímeros u otras más exóticas como el chocolate para imprimir alimentos comestibles que facilitarán la detección de nuevas oportunidades de uso, aunque ya comienzan a compartirse algunos casos de éxito muy relevantes, como por ejemplo:

  • La salud, llevando a la realidad ejemplos como la reciente impresión de un cráneo en tres dimensiones para su implante en una paciente holandesa con una enfermedad degenerativa.
  • La industria y los equipos de ingeniería, facilitándoles la creación de prototipos de bajo coste y en un tiempo record.
  • El comercio minorista, permitiendo la impresión de objetos sencillos cuyo valor principal reside en el diseño, como los casos ya existentes de moda, decoración o simples carcasas de móvil.

Pero también de otros menos atractivos, como el inquietante caso de impresión de armas de fuego sin elementos metálicos y más complicados de detectar en los controles rutinarios; o las sinergias con otras tecnologías como el escaneo 3D con gafas inteligentes tipo Google Glass de objetos a la vista, o incluso de personas.

En definitiva, un mundo complejo por descubrir con un reparto casi a partes iguales entre los beneficios que podrá aportar en el campo domestico y sobre todo empresarial, así como de retos a solventar en el medio plazo en donde destaca la gestión de la seguridad en sus múltiples vertientes como la propiedad intelectual o la privacidad.

Muchos han comprendido la necesidad de reflexionar sobre ello, y grandes de la impresión tradicional como HP han prometido exponer su propuesta de valor dentro de unos meses (punto positivo para ellos por establecer el centro internacional de I+D de impresiones 3D en su sede de Barcelona). ¿Aprovechamos y reflexionamos nosotros también?

Una vida digital: De camino al trabajo

bus

Viernes, 1 de marzo de 2024.

Querido diario.

(Viene del artículo “Una vida digital: A la ducha”)

De camino al trabajo

Después de un buen desayuno las cosas se ven de otra manera (por algo dicen que es la comida más importante del día). No obstante, esta mañana no tocaban grandes homenajes, y mientras acababa de vestirme, el robot de cocina terminó de preparar a tiempo el desayuno que el Sistema me había recomendado. Cereales de avena con leche y zumo recién exprimido de las naranjas que llegaron de la compra automática de ayer por la noche, y que hacía menos de veinticuatro horas eran parte de un naranjo valenciano.

Últimos retoques delante del espejo, y ya estaba listo para comenzar la jornada. ¡A la oficina! Y es que para un día que iba a la semana y no teletrabajaba desde casa, no fuéramos a llegar tarde. Mañana del viernes condensada de reuniones que requerían ser presenciales, pero productiva donde las fuera. Sí señor.

Con la puerta ya cerrada y los tres pitidos inconfundibles que indicaban cómo el Sistema comenzaba a configurar la casa con los escenarios de seguridad y limpieza programados, no quedaba más que despedirse amablemente del conserje y enfilar hacia el centro de la ciudad.

Todavía quedaban unos minutos para que el autobús que había solicitado llegara a la puerta de mi casa, pero ya me encontraba expectante por ver cuál de las personas que se me había sugerido había confirmado su asiento junto a el mío. Por ser honestos, este era uno de los momentos más divertidos de las mañanas de los viernes.

Desde hacía unos meses había desterrado el coche al garaje para este tipo de trayectos, y confiaba en una plataforma de transporte colaborativo en la que solicitaba un trayecto desde mi vivienda hacia la oficina en un rango de horas determinadas, y junto al resto de usuarios que pudieran estar interesados en una trayectoria similar, pujábamos para determinar la ruta final y el ir más directo o con más rodeos a nuestros destinos. Esto estaba muy bien por la parte económica y ecológica (aparte de ser un transporte compartido era eléctrico), pero lo que más me gustaba era la posibilidad de conocer a nuevas personas de interés en tus círculos sociales y viajar con ellos en asientos contiguos si aceptaban.

Al principio sonaba un poco extraño, pero gracias a las ocasiones en las que me decidí a viajar de esta manera tuve la oportunidad de compartir viaje con un par de personas muy interesantes: una en el ámbito profesional que trabajaba en un potencial cliente; y otra que me ayudaría a mejorar idiomas, pues era un francés recién trasladado y convenimos en hacer dos trayectos al mes juntos, uno hablando su idioma y otro el mío. Eso sí, tengo que confesar que por ahora solo lo he probado dos veces. En el resto de ocasiones, la única compañía había sido el café con leche que había reservado y me estaba esperando humeante en el reposabrazos de mi asiento.

Un trayecto rápido, seguro, con compañía interesante… y ya estábamos en el centro de la ciudad. Peatones dormidos por aquí, publicidad contextual que siempre me recordaba a alguna escena de Minority Report por allá, y ¡la oficina! Y como todavía no se ha inventado tecnología que reemplace mi propio trabajo, no quedaba otra opción que entrar e iniciar la jornada laboral.

8:00AM, comenzábamos la primera reunión.

Continuará.

 

 

Este artículo forma parte de una serie titulada “Una vida digital”, en donde describiré mi entendimiento sobre cómo podría resultar un posible día habitual dentro de diez años, en convivencia constante y transparente con una nueva generación de tecnologías inteligentes: