
🕊️ ¿Por qué alguien que vive de la tecnología debería leer la última encíclica del Papa?
Hoy, más de un millón de personas han llenado la plaza de Cibeles para la misa de León XIV: una de las mayores concentraciones de fe que se recuerdan en España. Y su mensaje me ha llevado a una idea quizá extraña en el campo de la ingeniería, pero que muchos compañeros empiezan a abrazar. A veces una lectura humanista aporta más que el último artículo del blog de Anthropic. Y, con el mundo como está, vamos a necesitar cada vez más este tipo de lecturas.
La primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, publicada hace pocos días, es justo ese tipo de lectura. Y trata, contra todo pronóstico, de inteligencia artificial. Su tesis suena más a economista que a teólogo: la tecnología nunca es neutral, y el poder ya no reside en los Estados, sino en actores privados, transnacionales, con más recursos que muchos gobiernos y mucho más difíciles de gobernar.
Para explicarlo, el Papa recurre a dos imágenes antiguas. La Torre de Babel: la humanidad levantando una construcción para alcanzar el cielo por sí sola, que termina en confusión y dispersión. Y el muro de Jerusalén: una obra que se reconstruye piedra a piedra, con cada uno responsable de su tramo. La pregunta, dice, no es decir sí o no a la tecnología, sino qué estamos construyendo con ella: ¿una torre o un muro compartido?
Pero el presente no espera, y la economía corre más rápido que la reflexión. Esta misma semana, la mayor salida a bolsa de la historia (SpaceX, 1,75 billones de dólares) juntará bajo un solo ticker satélites, comunicaciones e inteligencia artificial. Babel, en versión bursátil. Y NVIDIA, que fabrica los cerebros de esta era, ya vale más que toda la economía de Alemania.
En este tablero, cada bloque juega su partido. Estados Unidos lo fía al mercado: sus empresas marcan el ritmo, aunque no sin tensiones (Anthropic se negó a que el Pentágono usara su IA para armas autónomas y vigilancia masiva, y acabó con el contrato roto y señalada como riesgo para la seguridad nacional). China juega el suyo, con la tecnología al servicio del Estado. ¿Y Europa?
Aquí está nuestra oportunidad: una tercera vía, una visión humanista de la IA, pero sin ingenuidad. No basta con regular bien. Hace falta más Europa: más industria, más eficiencia institucional, más talento y capital… El humanismo sin innovación es un folleto bonito; la innovación sin humanismo, una torre que no sabe para quién se levanta.
Quizá por eso un tecnólogo debería leer más textos humanistas, y no perder de vista la pregunta que el código no responde. En la era de la IA, ¿estamos levantando otra Torre de Babel, o por fin un muro hecho a la medida de las personas que sostenga algo común? #digitalEconomyRocks