¿Qué robot te sustituirá en el futuro?

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“En un mundo de coches que se conducen solos, algoritmos que predicen el futuro y agentes personales como Siri, ya sabemos que la inteligencia artificial cada día se está volviendo más inteligente. Pero aunque todos esos pequeños e ingeniosos dispositivos podrían hacernos la vida más sencilla, también resultarán una buena manera de convertir prestigiosas profesiones en algo obsoleto. ¿Te imaginas un mundo sin empleos?”

Así comienza Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future, un libro escrito por Martin Ford que llegó a mis manos hace unas semanas a través de un buen amigo, y que recientemente ha sido catalogado como libro de negocios del año por Financial Times y McKinsey. Sin duda, una lectura muy recomendable para estas Navidades, que aparte de ayudarte a reflexionar sobre oportunidades concretas que una nueva generación de tecnologías digitales generarán en las empresas, te hará reflexionar sobre el modelo de sociedad en la que paulatinamente nos estamos embarcando.

Una nueva ola de automatización

Si el siglo XIX supuso la automatización industrial y el XX la automatización de la información, autores como Ford consideran que durante el siglo XXI tendrá lugar la automatización de la sociedad. Y, sin lugar a dudas, esto generará muchas inquietudes y debate al respecto (anticipando este riesgo, el subtítulo del libro en el Reino Unido es “the threat of mass unemployment”).

Thomas Frey, analista tecnológico de renombre, incluso llega a pronosticar que más de un 50% de las profesiones actuales desaparecerán en menos de 15 años. Unos cálculos rápidos nos indican que, en caso de ser cierto, el 65% de los niños que accedan a la escuela primaria este mismo año ejercerían empleos que todavía no existen.

Una ola diferente a las anteriores

El discurso tradicional siempre nos ha hablado sobre cómo nuevas innovaciones han eliminado y eliminarán profesiones del pasado, pero crearían nuevas oportunidades laborales. No para Martin Ford.

Mientras que el desarrollo de la tecnología continúa acelerándose y las máquinas comienzan a cuidar de sí mismas, el autor argumenta cómo en el futuro serán necesarias menos personas para realizar las mismas -y nuevas- tareas, y por lo tanto, menos puestos de trabajo.

Una nueva generación de tecnologías disruptivas

En la actualidad, la inteligencia artificial está alcanzando el potencial necesario para convertir “buenos empleos” en algo obsoleto. Abogados, periodistas, financieros, e incluso programadores informáticos, estarían a punto de poder ser sustituidos por robots y software inteligente. Y siguiendo esta nueva línea evolutiva en la sociedad, trabajos de “cuello blanco y azul” se evaporarían, teniendo unos temibles efectos en la clase media y trabajadora.

Impacto en la sociedad tal y como la conocemos

Al mismo tiempo, los hogares -ya expuestos a grandes presiones económicas- verían reducidas sus capacidades de ingresos actuales, pero por contra se beneficiarían de la automatización digital de sectores clave tan cercanos como la sanidad y la educación, hasta ahora no transformadas en ninguno de sus componentes:

  • ¿Qué te imaginarías más fácil de automatizar en el futuro: un médico o una enfermera? Todo el conocimiento y criterio médico del mundo en un clic, versus la atención cercana y personal a un paciente.
  • ¿Crees que el modelo educativo y pedagógico actual es sostenible en el tiempo, y puede mantenerse a espaldas de la revolución digital?

El resultado podría ser un desempleo masivo y una mayor desigualdad; o por contra una mejor sociedad en donde sus personas se beneficien de los avances tecnológicos y disfruten de una mayor calidad de vida. Ford va un paso más allá y, en paralelo a su visión de un mundo sin empleos, sugiere una prestación universal garantizada a todos los habitantes para mantener el estado de bienestar. Tema de calado y profunda discusión.

 

En resumen, Rise of the Robots es una lectura muy recomendable para toda aquella persona que quiera entender qué implicaciones tendrá la aceleración tecnológica que estamos comenzando a observar, así como sus implicaciones económicas en nuestros hijos, familias, y por qué no decirlo, la sociedad.

¿Cuáles serán las profesiones del futuro? ¿Y cuántas serán realmente accesibles? ¿Quienes las obtendrán? Solo el tiempo nos dará la respuesta.

Es la hora de asumir riesgos

riesgoBronnie Ware, una escritora australiana que trabajó muchos años en hospitales de varios países realizando cuidados paliativos, escribió hace poco un libro recopilando sus experiencias acerca de los principales arrepentimientos que tiene la gente antes de morir. Y sorpresa, ¿sabes cuál fue el principal arrepentimiento que observó a lo largo de todos sus años de trabajo?

“Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera”.

Piensa sobre ello unos segundos.

Centrándome en el mundo de las estrategias empresariales (y dejando las reflexiones filosóficas para otro momento), desde mi punto de vista vivimos un momento de cambio sin precedentes, y es ahora cuando los líderes tienen que estar a la altura de lo que se espera de ellos. Carina Szpilka lo resumió con bastante tino hace pocos días en una entrevista en el ABC: El liderazgo digital de los CEO será la clave para el éxito de sus empresas.

El potencial de la disrupción digital que comenzamos a vivir tiene implicaciones complejas y que a veces dan vértigo, pero el no asumir el riesgo no siempre es la mejor opción posible.

Tus clientes viven más conectados, informados y cuentan con mayor poder que nunca. Tu competencia es más global y viene desde sectores diferentes al tuyo o incluso desde algún garaje a varios miles de kilómetros de tu sala de juntas. Productos similares a los tuyos comienzan a ser sustituidos por nuevos entrantes con una componente digital relevante…

Si me permites un humilde consejo, dedica un tiempo a reflexionar sobre tu posicionamiento en la era digital, y no te arrepientas de las decisiones que no te atreviste a tomar. Es la hora de asumir riesgos.

Una vida digital: Haciendo deporte

deporte

Viernes, 1 de marzo de 2024.

Querido diario.

(Viene del artículo “Una vida digital: Al restaurante”)

Haciendo deporte

Después de una intensa semana de trabajo, no había nada mejor que comenzar el fin de semana haciendo un poco de deporte con los amigos. ¡Mens sana in corpore sano!

En esta ocasión habíamos planificado participar en un torneo de pádel (muy) amateur. Así podríamos practicar uno de nuestros deportes favoritos, y por qué no, intentar mejorar un poco. Además, sería un gran momento para estrenar la equipación de Ralph Lauren que me regalaron hace un par de meses, que aparte de estar repleto de sensores que esperaba me ayudarían a mejorar mi técnica, me quedaba fenomenal 🙂 Esto de la fusión de la moda y la tecnología no tiene freno.

El torneo resultó bastante divertido, y aunque mi compañero y yo no ganamos ningún premio mayor, sí quedamos primeros en el ranking de la pareja en mejor estado físico (puntos ganados con respecto al ritmo cardíaco registrado por nuestros sensores), y terceros en el ranking de la pareja más efectiva (puntos ganados con respecto al número de pasos dados en la jugada). Menos mal que hacía unos años crearon estos nuevos premios otorgados por jueces digitales como sensores y cámaras de vídeo en alta resolución, porque si no, nos habríamos vuelto -de nuevo- con las manos vacías.

La verdad es que esta es una de las cosas que me resulta más atractiva de este tipo de torneos. Gracias a la gran cantidad de información que recogen sobre tus partidos a través de tus wearables de las cámaras en alta definición, la organización es capaz de enviarte un informe personalizado sobre tus patrones de juego y recomendaciones para mejorar.

A media tarde aprovechamos para darnos una vuelta por la zona de exposiciones, y aparte de recibir consejo sobre unas nuevas plantillas para las zapatillas que imprimiría en 3D en casa, tampoco vimos gran cosa. Como siempre, muchas carpas de gimnasios y centros de entrenamiento con showrooms en donde podías simular echar un partido profesional con gafas de realidad aumentada; o simular en grandes pantallas cómo te sentarían las nuevas colecciones de ropa. Vaya, los típicos ejemplos de fusión del mundo físico y digital que tanto hemos visto durante estos últimos años.

Al final del día, y tras recibir la actualización de la clasificación del grupo de amigos y echarnos unas risas entre todos, quedaba el mejor plan de toda la semana. Duchita, amigos… y las cervecitas de después.

Continuará.

Web

Este artículo forma parte de una serie titulada “Una vida digital”, en donde describiré mi entendimiento sobre cómo podría resultar un posible día habitual dentro de diez años, en convivencia constante y transparente con una nueva generación de tecnologías inteligentes:

¡Buenos días!

A la ducha

De camino al trabajo

Al restaurante

Haciendo deporte

Los ganadores del CES

CES

Decir hoy en día que la tecnología está presente en cada minuto de nuestras vidas podría resultar una obviedad para muchas personas, pero cuando el resto de no aludidos echaran un vistazo a las innovaciones que se nos aproximan -mostradas en ferias como la reciente CES en Las Vegas– estoy convencido de que la obviedad se generalizaría.

En Europa contamos con ferias tecnológicas de primer orden como el CeBIT en Alemania y el Mobile World Congress en España, pero es el CES americano el rey de todos los congresos techies. Más de 3.600 expositores y 170.000 visitantes (un 30% de fuera del país) avalan esta afirmación, y es que es en Las Vegas en donde los principales fabricantes del mundo enseñan sus apuestas tecnológicas para el próximo año.

En mi opinión, independientemente de pantallas curvas a las cuales no le acabo de ver la gracia y drones voladores revitalizados, el podio de ganadores ha sido el siguiente:

  • El coche inteligente llevado a su máxima expresión. Los pesos pesado del sector de la automoción lo tienen claro, y en las principales sesiones del CES los responsables de Mercedes-Benz, BMW y Tesla mostraron sus propuestas hacia una conducción semi-automática. “Semi” porque a corto plazo nadie piensa que ningún país autorice vehículos conducidos por un ordenador; pero también “automática” por la apuesta continua para automatizar los sistemas de apoyo al conductor -como por ejemplo la toma automática de curvas en autopistas- y el entretenimiento digital de sus pasajeros.
  • Llévatelo puesto. La apuesta por los wearables sigue siendo muy fuerte, independientemente de los problemas reales que están teniendo líderes como Apple con  su reloj -anunciado ya hace cinco meses y sin fecha conocida de presentación- y Google con sus gafas inteligentes -máximo responsable del proyecto recién destituido por sus pobres resultados-.
  • Sensores, sensores y más sensores. Encontrar un sensor que mide la temperatura en un biberón, la velocidad en una zapatilla o la humedad en un tendedero ya comienza a entrarnos en la cabeza como algo normal, y en el CES así se ha continuado. Pero ojo, la tecnología no para y ya comienza a hablarse de nuevas innovaciones como el MEMS con resultados reales encima de la mesa. ¿Y qué es MEMS? Sistemas Microelectromecánicos, o en cristiano, pequeños robots del tamaño de la cabeza de un alfiler capaces de registrar información a través de micro-sensores y transmitirla a dispositivos más grandes y potentes.

Tecnologías enfocadas al consumo personal, pero que en mi opinión deben de ser analizadas de una manera frecuente y detallada por las empresas, buscando oportunidades para introducir dichas innovaciones en sus modelos de negocio, teniendo ejemplos hoy en día tan claro como las aseguradoras, las energéticas o todo el sector de consumo en su globalidad.

Y es que en muchas ocasiones, el consumidor digital va más rápido que las propias empresas, y aquello que muchos han venido a llamar la consumerizacion (tendencia creciente en la cual las nuevas tecnologías surgen primero en el mercado del consumidor y luego se propagan hacia las empresas) se hace una realidad.

Agárrense, que vienen curvas 🙂

Una nueva nativa digital

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Hace algunas semanas nuestra primera hija vino al mundo, y junto con una gran ola de felicidad no pocos cambios llegaron a nuestras vidas. Novedades que seguro que todos los padres han experimentado de una manera u otra a lo largo de los últimos siglos, pero que enmarcados en la sociedad digital en la que nos estamos adentrando hacen pensar que solo es el inicio del cambio que nos queda por disfrutar.

Está claro que las nuevas generaciones están preparadas para el cambio desde el primer minuto. Es más, muchas madres todavía embarazadas ya controlan los ritmos cardíacos de sus hijos simplemente posando móviles en sus vientres, por lo que la relación de los pequeños con la tecnología viene incluso antes de nacer.

Un vínculo que sin lugar a dudas hará cambiar la manera en la que las empresas se relacionarán con sus clientes, ya sean estos los padres, los niños, o más apropiado en estas fechas, los mismísimos Reyes Magos (Amazon España afirma estar ante las mejores Navidades de la historia, estimándose crecimientos del 18% y más de la mitad de los pedidos realizados a través de dispositivos móviles).

Que los padres del siglo XXI ya usan aplicaciones móviles para controlar todo lo relacionado con sus bebés, comienza a ser una realidad. Toma de leche de tantos minutos a tal hora, cambio de pañal a esta otra… y más información que sirve a modo de cuaderno de bitácora para sus progenitores. Pero toda esa información se registra de forma manual (es la madre o el padre quien introduce los datos) y aislada (no comparada o compartida con terceros).

¿Se te ocurre alguna oportunidad para quien consiga automatizar e integrar todo este ecosistema? Las tecnologías necesarias ya existen, y en algunos casos incluso se encuentran disponibles en el mercado:

  • Chupetes que miden la temperatura del bebé y la registran en el móvil de sus padres
  • Pañales que controlan su nivel de humedad y avisan que necesitan ser cambiados
  • Sensores que informan cuando el pequeño se ha despertado

La adecuada combinación de elementos como estos en un nuevo modelo de negocio sería lo que podríamos llamar un verdadero Win-Win: teniendo a los pequeños más controlados (y ofreciendo datos en tiempo real a los seguros médicos); manteniendo a los pequeños más limpios (y vendiendo un mayor número de pañales); informando a los padres sobre el estado de sus hijos (y conociendo mejor sus patrones de consumo). En definitiva, una nueva generación de información automatizada por la cual muchas empresas estarían interesadas para desarrollar nuevos productos y servicios.

Pero cuidado, no nos vayamos a pasar de la raya y creemos nuevos inmigrantes digitales. Los avances tecnológicos deben unir y no dividir (ojo a la brecha digital), y aunque la ciencia nos permita ayudar a los Reyes Magos buscando el regalo perfecto por Internet, no dejemos de llevar a nuestros hijos a visitar a sus Majestades y de echar sus cartas escritas a mano en los buzones reales. Como dijo el periodista Alberto LLeras, un pueblo sin tradición es un pueblo sin porvenir.

Bienvenida al mundo, pequeñaja.

¡Feliz 2015!

felizNavidad

Qué malos son los finales de año y aquello de ponerse nuevos objetivos cada 31 de diciembre 🙂

Quienes me conocen saben que soy bastante “especialito” con esto de las metas personales, así que como no podía ser de otra manera en breve volveré a la carga con este particular cuaderno de bitácora.

Como dijo Sir Walter Scott, descansar demasiado es oxidarse, por lo que espero que tengamos un año repleto de artículos interesantes, buenos comentarios, y lo mejor de todo, felicidad y éxitos personales.

¡Feliz 2015!

El rumor social

rumorSocial

Jeremy Meeks, un delincuente de California preso por once cargos de posesión ilegal de armas que se enfrenta a una condena de once años de cárcel. Guilherme Leão, un agente de seguridad de Sao Paulo responsable de garantizar la seguridad de todas las personas que transitan por el suburbano. Axelle Despiegelaere, una joven belga de 17 años forofa del equipo de fútbol de su país.

El malo, el poli y la chica guapa. ¿Una película de Hollywood? No, un ejemplo real sobre cómo las redes sociales pueden generar importantes tendencias de opinión, y algunas empresas ya están comenzando a comprender cómo aprovechar ese rumor social en su propio beneficio.

Que en muchos sectores de la economía estamos viviendo un cambio de escenario y se están reescribiendo las reglas de juego está claro. Vivimos en un mundo en donde los clientes están transformándose de meros espectadores a creadores de tendencia, y no solo valoran, sino que en algunos casos exigen, participar en la cadena de valor de las compañías. Y eso de escuchar a tus clientes, entenderles e interactuar con ellos parece una buena decisión.

En algunos sectores, el saber cómo gestionar el rumor social será capital en su futuro modelo de negocio. Por ejemplo, en el caso del periodismo, el paradigma de la comunicación 1-a-muchos está obsoleto, y existen muchas reflexiones sobre cómo poner en valor la capilaridad y velocidad que puede ofrecer una red global de lectores con ganas de compartir noticias de última hora y contenidos multimedia. Cosa fina. Algunos lo llaman periodismo colaborativo, otros habladurías. Yo no le pondré una etiqueta, pero sí creo que complementará al modelo de periodismo tradicional, generando nuevos tipos de información y ganando una mayor vinculación emocional con sus lectores, y por ende, sus clientes.

Otros sectores no lo tienen tan claro y se encuentran en continua exploración sobre cómo aprovechar este potencial. Los primeros pasos ya se están dado, estableciendo equipos especialistas en la gestión de ese rumor social vinculado al ecosistema de clientes-productos-empresas.

Pero pienso que el recorrido es mucho mayor que esto, y no hablo solo del social Business que promete aportar interesantes enfoques en medios con necesidades de aire fresco como la televisión. En la medida que las empresas sean capaces de identificar conversaciones globales o rumores sociales que generen un impacto emocional en sus clientes, y actúen ágilmente para vincularlos (o desvincularlos) a sus marcas, habrán hecho lo correcto.

Pero cuidado. Toda oportunidad suele conllevar riesgos, y en el caso de apoyar la estrategia de marca en iconos sociales se puede generar alguna que otra situación incómoda. En nuestro ejemplo inicial, al poco de emerger la figura de la chica guapa de Bélgica, L’Oréal firmó un contrato con ella como imagen de marca pretendiendo vincular el rumor social a sus productos de estética. A los pocos días, comenzaron a conocerse las aficiones de caza ilegal de la protagonista, y por riesgo reputacional, igual de rápido que vino el contrato se fue.

¿Moraleja? Haz por ser consciente del potencial de las redes sociales en tu modelo de negocio y relación con tus clientes; identifica las oportunidades; sopesa los riesgos; y establece una estrategia para ir a por ello.

Según Gartner, en los próximos dos años el 80% de las iniciativas empresariales basadas en las redes sociales no logrará los beneficios esperados por falta de liderazgo y un exceso de énfasis en la tecnología. Y tú, ¿ya sabes qué hacer para estar en el 20% restante?

Y tú, ¿cómo lees un libro?

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Hace pocas horas ha finalizado la 73ª Feria del Libro de Madrid con un razonable buen sabor de boca tras haber incrementado el número de visitantes y, lo más importante, un 5% sus ventas directas. Una pequeña alegría en un sector en plena crisis existencial, que representa un nada desdeñable 1% del PIB español.

Por ello, parece un buen momento para reflexionar sobre sus retos y oportunidades, más allá de los estereotipos típicos de los libros en papel o de las extravagancias del embajador de turno que jura su cargo sobre un libro electrónico.

Está claro que existe un colectivo al que le gusta leer un buen libro en papel, aportándoles incluso un plus de satisfacción y practicidad al poder anotar comentarios al margen del libro con su Parker. Fantástico. Existen otros colectivos que no, y buscan la extensión natural de sus hábitos de vida digitales, rechazando alternativas que no les faciliten una experiencia social, multimedia e inmediata.

Desde mi punto de vista, si se está dentro de la cadena de valor del libro la pregunta clave no es ver con qué colectivo te quedas, sino –entendiendo qué es la generación Z y cómo evoluciona una pirámide poblacional– si te puedes permitir rechazar al segmento de clientes creciente:

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  • Si eres un autor de una novela, ¿cómo te relacionas con tus lectores, conoces sus opiniones y les involucras durante el proceso creativo de una obra?
  • Si eres un editor de un libro educativo, ¿cómo aprovechas las nuevas capacidades digitales como los contenidos multimedia o la realidad aumentada, y planteas nuevas experiencias de lectura?
  • Si eres un distribuidor o un librero, ¿qué elementos adicionales has planteado para enriquecer el modelo de negocio en base a contenidos patrocinados, afiliación de lectores o nuevos servicios que puedan interesar al lector de ese libro en concreto?

Tal y como se ha podido comprobar en otras industrias como el vídeo o la música, el valor está en el contenido y no en el soporte. Netflix y Spotify demostraron lo que muchos no creían posible, y pienso que con el libro podremos hablar en esos mismos términos en pocos años. Problemas como la piratería y los dichosos DRM dejarán de ser una excusa para reflexionar sobre las necesidades reales de ese creciente colectivo de clientes, y encontrar nuevos modelos de negocio que las satisfagan.

Pero ojo, que nadie se duerma. Instituciones más grandes que la Enciclopedia Británica han tambaleado, y por mucha estabilidad que cuentes, otra Wikipedia podrá surgir de un garaje californiano y hacer temblar tus cimientos.

Libros electrónicos, negocios de autoedición… El riesgo para estas empresas es claro y sus cuentas de resultados lo saben. El no hacer nada no es una opción. ¿Te animas a escribir tu propio futuro? ¿Y en qué formato lo harás?

El dinero invisible

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Karl Marx dijo una vez que el dinero circula porque tiene valor, pero que el papel moneda tiene valor porque circula. Y no le faltaba razón, más teniendo en cuenta el momento de la historia en el que lo manifestó. En un mundo tan complejo como el actual, el concepto del dinero ha evolucionado enormemente y se ha concretado en múltiples soportes físicos y virtuales, que van desde el papel o el plástico de nuestras tarjetas de crédito hasta las monedas virtuales. En una sociedad cada día más global, social e interconectada, ¿cuál será el próximo oro digital?

Desde hace tiempo, para un importante colectivo de consumidores el dinero en efectivo es algo residual en sus vidas; la repetida pregunta de “¿cobra con tarjeta?” al subir a un taxi; la sensación de incomprensión ante un parquímetro que solo acepta monedas; una copia de respaldo de su dinero en el mundo físico. Pero poco a poco, empiezan a emerger en el mercado nuevas oportunidades y ese grupo de consumidores será cada vez más amplio.

Y es que, aunque desde hace muchos años han existido opciones para las personas puedan cobrar su sueldo y disfrutar del dinero sin que físicamente pase por sus manos, recientemente están surgiendo nuevas disrupciones tecnológicas que mejorarán la experiencia del cliente a la hora del pago. Alternativas como PayPal Beacon, que representa un buen ejemplo sobre cómo simplificar en una tienda física el proceso de compra desde el móvil. Y en términos generales, eso de facilitar la compra de nuestros productos a los consumidores, suena bien.

Sin embargo, desde hace unos años existe una alternativa más ambiciosa al sistema de pagos como lo conocemos. Una moneda electrónica que, con sus riesgos de transparencia y volatilidad, opera sin bancos ni intermediarios, llevándose a cabo de manera colectiva por Internet. Su nombre es Bitcoin.

Con fuertes aliados, pero más importantes grupos de presión en contra, Bitcoin representa una nueva divisa electrónica P2P, que nace con vocación de ser la primera moneda digital descentralizada y no controlada por gobiernos ni bancos. Una incomodidad para muchos, una oportunidad para todos.

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Evidentemente, una disrupción como esta se ha encontrado con importantes barreras que buscan proteger los modelos de negocio tradicionales en ámbitos tan robustos como los bancos, las financieras o las agencias de cambio de moneda. Grandes jugadores que temen las implicaciones de un modelo basado en la economía colaborativa, pero que deberían de ser capaces de identificar lo mejor de cada disrupción e inyectarlo en su propio ADN.

Probablemente Bitcoin, Amazon Coins o PayPal Beacon no harán temblar las bases de nuestros sistemas financieros, pero seguramente deberíamos de observarlos como un primer capítulo en la adopción de nuevas divisas digitales. El consumidor busca simplicidad en su proceso de compra, y la era digital en la que nos adentramos estará plagada de oportunidades al respecto.

Computación ubicua, comercio electrónico silencioso… Y tú, ¿ya sabes cómo mejorar la experiencia de compra de tus clientes con este nuevo oro digital?

Mi segunda pantalla

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Gracias al alto nivel de penetración de los teléfonos inteligentes y las tabletas (según la AIMC el 85% de los internautas en España se conecta a través de dispositivos móviles) poco a poco nuestra sociedad está comenzando a vivir pequeños cambios en algunos comportamientos que, vistos con cierta perspectiva, seguro que supondrán importantes retos y  oportunidades.

Una de las estadísticas más curiosas es la que indica cómo un gran porcentaje de los internautas tienen por costumbre navegar por la Red desde el sofá del salón, complementando en una gran mayoría de los casos la actividad principal que venían realizando: ver la televisión. Obviando –por ahora– reflexiones sobre los riesgos de aislamiento social que esto podría llegar a suponer, y centrándonos en la parte positiva ¿te parece una oportunidad real para alguna industria en concreto?

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Desde mi punto de vista, la atención de los espectadores se está centrando cada vez menos en las pantallas de televisión, y poco a poco se ve complementada o incluso sobrepasada por los contenidos asociados al programa en cuestión desde móviles y tabletas. Es decir, desde las segundas pantallas.

Las cadenas de televisión ya están tomando posiciones, y se comienzan a concretar oportunidades en torno a lo que se ha venido a llamar el socialTV, que no es más que facilitar un nuevo tipo de experiencias al espectador en ambas direcciones:

  • Desde el programa al espectador, incorporando nuevos contenidos multimedia o permitiendo seleccionar la cámara desde donde vivir una carrera de Fórmula 1.
  • Desde el espectador al programa, mejorando antiguas técnicas de tele-voto por SMS o 906s y facilitando un dialogo en tiempo real a través de preguntas y votaciones.

Y todo ello, como comienza a ser habitual, mimando al consumidor con una experiencia de usuario de calidad en base a técnicas de UX o gamificación, y generando nuevas oportunidades de marketing y fidelización.

Una gran oportunidad, sin duda. Pero si analizamos el hecho con un poco de perspectiva podremos atisbar las capacidades reales más allá de la triada programa-sofá-espectador: un complemento natural a la experiencia de asistir un espectáculo allá donde suceda. Por ejemplo, en un campo de fútbol facilitando en los móviles información del partido en tiempo real, nuevos puntos de explotación publicitaria y canales personalizados para la compra en bares y tiendas del estadio. Mecanismos que ayudarán a maximizar el consumo medio de espectadores por partido, que en España ronda la media de los 0,8€ frente a los 11€ en EE.UU.

Una gran oportunidad para muchas industrias y modelos de negocio en tiempos complicados que estén explorando nuevos caminos para reinventarse. Y tú, ¿cómo aprovechas la segunda pantalla de tus clientes?