El rumor social

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Jeremy Meeks, un delincuente de California preso por once cargos de posesión ilegal de armas que se enfrenta a una condena de once años de cárcel. Guilherme Leão, un agente de seguridad de Sao Paulo responsable de garantizar la seguridad de todas las personas que transitan por el suburbano. Axelle Despiegelaere, una joven belga de 17 años forofa del equipo de fútbol de su país.

El malo, el poli y la chica guapa. ¿Una película de Hollywood? No, un ejemplo real sobre cómo las redes sociales pueden generar importantes tendencias de opinión, y algunas empresas ya están comenzando a comprender cómo aprovechar ese rumor social en su propio beneficio.

Que en muchos sectores de la economía estamos viviendo un cambio de escenario y se están reescribiendo las reglas de juego está claro. Vivimos en un mundo en donde los clientes están transformándose de meros espectadores a creadores de tendencia, y no solo valoran, sino que en algunos casos exigen, participar en la cadena de valor de las compañías. Y eso de escuchar a tus clientes, entenderles e interactuar con ellos parece una buena decisión.

En algunos sectores, el saber cómo gestionar el rumor social será capital en su futuro modelo de negocio. Por ejemplo, en el caso del periodismo, el paradigma de la comunicación 1-a-muchos está obsoleto, y existen muchas reflexiones sobre cómo poner en valor la capilaridad y velocidad que puede ofrecer una red global de lectores con ganas de compartir noticias de última hora y contenidos multimedia. Cosa fina. Algunos lo llaman periodismo colaborativo, otros habladurías. Yo no le pondré una etiqueta, pero sí creo que complementará al modelo de periodismo tradicional, generando nuevos tipos de información y ganando una mayor vinculación emocional con sus lectores, y por ende, sus clientes.

Otros sectores no lo tienen tan claro y se encuentran en continua exploración sobre cómo aprovechar este potencial. Los primeros pasos ya se están dado, estableciendo equipos especialistas en la gestión de ese rumor social vinculado al ecosistema de clientes-productos-empresas.

Pero pienso que el recorrido es mucho mayor que esto, y no hablo solo del social Business que promete aportar interesantes enfoques en medios con necesidades de aire fresco como la televisión. En la medida que las empresas sean capaces de identificar conversaciones globales o rumores sociales que generen un impacto emocional en sus clientes, y actúen ágilmente para vincularlos (o desvincularlos) a sus marcas, habrán hecho lo correcto.

Pero cuidado. Toda oportunidad suele conllevar riesgos, y en el caso de apoyar la estrategia de marca en iconos sociales se puede generar alguna que otra situación incómoda. En nuestro ejemplo inicial, al poco de emerger la figura de la chica guapa de Bélgica, L’Oréal firmó un contrato con ella como imagen de marca pretendiendo vincular el rumor social a sus productos de estética. A los pocos días, comenzaron a conocerse las aficiones de caza ilegal de la protagonista, y por riesgo reputacional, igual de rápido que vino el contrato se fue.

¿Moraleja? Haz por ser consciente del potencial de las redes sociales en tu modelo de negocio y relación con tus clientes; identifica las oportunidades; sopesa los riesgos; y establece una estrategia para ir a por ello.

Según Gartner, en los próximos dos años el 80% de las iniciativas empresariales basadas en las redes sociales no logrará los beneficios esperados por falta de liderazgo y un exceso de énfasis en la tecnología. Y tú, ¿ya sabes qué hacer para estar en el 20% restante?

Y tú, ¿cómo lees un libro?

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Hace pocas horas ha finalizado la 73ª Feria del Libro de Madrid con un razonable buen sabor de boca tras haber incrementado el número de visitantes y, lo más importante, un 5% sus ventas directas. Una pequeña alegría en un sector en plena crisis existencial, que representa un nada desdeñable 1% del PIB español.

Por ello, parece un buen momento para reflexionar sobre sus retos y oportunidades, más allá de los estereotipos típicos de los libros en papel o de las extravagancias del embajador de turno que jura su cargo sobre un libro electrónico.

Está claro que existe un colectivo al que le gusta leer un buen libro en papel, aportándoles incluso un plus de satisfacción y practicidad al poder anotar comentarios al margen del libro con su Parker. Fantástico. Existen otros colectivos que no, y buscan la extensión natural de sus hábitos de vida digitales, rechazando alternativas que no les faciliten una experiencia social, multimedia e inmediata.

Desde mi punto de vista, si se está dentro de la cadena de valor del libro la pregunta clave no es ver con qué colectivo te quedas, sino –entendiendo qué es la generación Z y cómo evoluciona una pirámide poblacional– si te puedes permitir rechazar al segmento de clientes creciente:

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  • Si eres un autor de una novela, ¿cómo te relacionas con tus lectores, conoces sus opiniones y les involucras durante el proceso creativo de una obra?
  • Si eres un editor de un libro educativo, ¿cómo aprovechas las nuevas capacidades digitales como los contenidos multimedia o la realidad aumentada, y planteas nuevas experiencias de lectura?
  • Si eres un distribuidor o un librero, ¿qué elementos adicionales has planteado para enriquecer el modelo de negocio en base a contenidos patrocinados, afiliación de lectores o nuevos servicios que puedan interesar al lector de ese libro en concreto?

Tal y como se ha podido comprobar en otras industrias como el vídeo o la música, el valor está en el contenido y no en el soporte. Netflix y Spotify demostraron lo que muchos no creían posible, y pienso que con el libro podremos hablar en esos mismos términos en pocos años. Problemas como la piratería y los dichosos DRM dejarán de ser una excusa para reflexionar sobre las necesidades reales de ese creciente colectivo de clientes, y encontrar nuevos modelos de negocio que las satisfagan.

Pero ojo, que nadie se duerma. Instituciones más grandes que la Enciclopedia Británica han tambaleado, y por mucha estabilidad que cuentes, otra Wikipedia podrá surgir de un garaje californiano y hacer temblar tus cimientos.

Libros electrónicos, negocios de autoedición… El riesgo para estas empresas es claro y sus cuentas de resultados lo saben. El no hacer nada no es una opción. ¿Te animas a escribir tu propio futuro? ¿Y en qué formato lo harás?

El dinero invisible

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Karl Marx dijo una vez que el dinero circula porque tiene valor, pero que el papel moneda tiene valor porque circula. Y no le faltaba razón, más teniendo en cuenta el momento de la historia en el que lo manifestó. En un mundo tan complejo como el actual, el concepto del dinero ha evolucionado enormemente y se ha concretado en múltiples soportes físicos y virtuales, que van desde el papel o el plástico de nuestras tarjetas de crédito hasta las monedas virtuales. En una sociedad cada día más global, social e interconectada, ¿cuál será el próximo oro digital?

Desde hace tiempo, para un importante colectivo de consumidores el dinero en efectivo es algo residual en sus vidas; la repetida pregunta de “¿cobra con tarjeta?” al subir a un taxi; la sensación de incomprensión ante un parquímetro que solo acepta monedas; una copia de respaldo de su dinero en el mundo físico. Pero poco a poco, empiezan a emerger en el mercado nuevas oportunidades y ese grupo de consumidores será cada vez más amplio.

Y es que, aunque desde hace muchos años han existido opciones para las personas puedan cobrar su sueldo y disfrutar del dinero sin que físicamente pase por sus manos, recientemente están surgiendo nuevas disrupciones tecnológicas que mejorarán la experiencia del cliente a la hora del pago. Alternativas como PayPal Beacon, que representa un buen ejemplo sobre cómo simplificar en una tienda física el proceso de compra desde el móvil. Y en términos generales, eso de facilitar la compra de nuestros productos a los consumidores, suena bien.

Sin embargo, desde hace unos años existe una alternativa más ambiciosa al sistema de pagos como lo conocemos. Una moneda electrónica que, con sus riesgos de transparencia y volatilidad, opera sin bancos ni intermediarios, llevándose a cabo de manera colectiva por Internet. Su nombre es Bitcoin.

Con fuertes aliados, pero más importantes grupos de presión en contra, Bitcoin representa una nueva divisa electrónica P2P, que nace con vocación de ser la primera moneda digital descentralizada y no controlada por gobiernos ni bancos. Una incomodidad para muchos, una oportunidad para todos.

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Evidentemente, una disrupción como esta se ha encontrado con importantes barreras que buscan proteger los modelos de negocio tradicionales en ámbitos tan robustos como los bancos, las financieras o las agencias de cambio de moneda. Grandes jugadores que temen las implicaciones de un modelo basado en la economía colaborativa, pero que deberían de ser capaces de identificar lo mejor de cada disrupción e inyectarlo en su propio ADN.

Probablemente Bitcoin, Amazon Coins o PayPal Beacon no harán temblar las bases de nuestros sistemas financieros, pero seguramente deberíamos de observarlos como un primer capítulo en la adopción de nuevas divisas digitales. El consumidor busca simplicidad en su proceso de compra, y la era digital en la que nos adentramos estará plagada de oportunidades al respecto.

Computación ubicua, comercio electrónico silencioso… Y tú, ¿ya sabes cómo mejorar la experiencia de compra de tus clientes con este nuevo oro digital?

Mi segunda pantalla

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Gracias al alto nivel de penetración de los teléfonos inteligentes y las tabletas (según la AIMC el 85% de los internautas en España se conecta a través de dispositivos móviles) poco a poco nuestra sociedad está comenzando a vivir pequeños cambios en algunos comportamientos que, vistos con cierta perspectiva, seguro que supondrán importantes retos y  oportunidades.

Una de las estadísticas más curiosas es la que indica cómo un gran porcentaje de los internautas tienen por costumbre navegar por la Red desde el sofá del salón, complementando en una gran mayoría de los casos la actividad principal que venían realizando: ver la televisión. Obviando –por ahora– reflexiones sobre los riesgos de aislamiento social que esto podría llegar a suponer, y centrándonos en la parte positiva ¿te parece una oportunidad real para alguna industria en concreto?

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Desde mi punto de vista, la atención de los espectadores se está centrando cada vez menos en las pantallas de televisión, y poco a poco se ve complementada o incluso sobrepasada por los contenidos asociados al programa en cuestión desde móviles y tabletas. Es decir, desde las segundas pantallas.

Las cadenas de televisión ya están tomando posiciones, y se comienzan a concretar oportunidades en torno a lo que se ha venido a llamar el socialTV, que no es más que facilitar un nuevo tipo de experiencias al espectador en ambas direcciones:

  • Desde el programa al espectador, incorporando nuevos contenidos multimedia o permitiendo seleccionar la cámara desde donde vivir una carrera de Fórmula 1.
  • Desde el espectador al programa, mejorando antiguas técnicas de tele-voto por SMS o 906s y facilitando un dialogo en tiempo real a través de preguntas y votaciones.

Y todo ello, como comienza a ser habitual, mimando al consumidor con una experiencia de usuario de calidad en base a técnicas de UX o gamificación, y generando nuevas oportunidades de marketing y fidelización.

Una gran oportunidad, sin duda. Pero si analizamos el hecho con un poco de perspectiva podremos atisbar las capacidades reales más allá de la triada programa-sofá-espectador: un complemento natural a la experiencia de asistir un espectáculo allá donde suceda. Por ejemplo, en un campo de fútbol facilitando en los móviles información del partido en tiempo real, nuevos puntos de explotación publicitaria y canales personalizados para la compra en bares y tiendas del estadio. Mecanismos que ayudarán a maximizar el consumo medio de espectadores por partido, que en España ronda la media de los 0,8€ frente a los 11€ en EE.UU.

Una gran oportunidad para muchas industrias y modelos de negocio en tiempos complicados que estén explorando nuevos caminos para reinventarse. Y tú, ¿cómo aprovechas la segunda pantalla de tus clientes?

Una vida digital: Al restaurante

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Viernes, 1 de marzo de 2024.

Querido diario.

(Viene del artículo “Una vida digital: De camino al trabajo”)

Al restaurante

La mañana en el trabajo ha resultado muy interesante, y aunque no lo parezca, sin mucha tecnología de por medio. Habitualmente reservamos la mañana de los viernes para reuniones presenciales, así como para interactuar con otros compañeros en la oficina. Y es que a veces, por mucha videoconferencia y sistemas de teletrabajo que tengamos en nuestras casas, es necesario estar cerca de tus compañeros, charlar, y tener la cercanía que en algunos casos el hecho de trabajar desde casa podría llegar a desgastar.

Reuniones por aquí, presentaciones internas por allá, y la mañana ya estaba casi cerrada. Del gran fin de semana que me esperaba solo me separaba una comida con los compañeros del trabajo. ¡A comer! Cerca de la oficina tenemos un par de restaurantes de confianza, pero dado el número de compañeros que íbamos a ir, esta vez nos decantamos por AcmeKitchen. Buena comida, ambiente agradable, y sobre todo una experiencia para sus clientes inmejorable.

Como utilizamos mi perfil virtual para hacer la reserva, fueron mis preferencias las que determinaron la hora y mesa asignada. Siempre busco un ambiente con buena iluminación y cierta privacidad en la sala, por lo que, a través del sistema de precios dinámicos del restaurante, se nos sugirió una buena mesa a una hora fuera de la afluencia máxima de clientes, y a buen precio.

Con todas las tareas finalizadas en la oficina, los compañeros y yo nos dirigimos al restaurante, dentro del cual nos dio la bienvenida una amable señorita y la omnipresente publicidad contextual –eso sí, mucho más discreta que en otros ambientes– y personalizada.

Una vez identificados todos los comensales, mientras degustábamos unas tapitas adaptadas a las necesidades alimenticias de cada uno, los despistados que todavía no habían pedido sus platos aceleraban para hacer su selección en base a sus preferencias y estados físicos actuales. Lo demás charlábamos animadamente sobre los planes que teníamos para el fin de semana (¡demasiados partidos de baloncesto y fútbol sala para las canas que juntábamos entre todos!).

Lo importante era lo importante, así que era el momento de centrarnos en la carne y dejar los gadgets y la tecnología para otro momento. Acepto comer con los cubiertos inteligentes, pero no acabo de ver eso del implante en la muela para controlar la alimentación.

Buena comida, mejor conversación, y estamos listos para comenzar el fin de semana. Y lo mejor, ¡nos fuimos sin pagar! Tranquilos, todo controlado. Como ya estábamos identificados, todo quedó registrado en nuestro perfil. Solo me quedaba por recoger un pequeño paquete que había comprado por Internet y que automáticamente se había identificado a AcmeKitchen como punto de entrega, librándome de gran parte de los gastos de envío. Eso sí que es una experiencia data driven y customer focused.

Ahora sí… ¡que comience el fin de semana!

Continuará.

 

Este artículo forma parte de una serie titulada “Una vida digital”, en donde describiré mi entendimiento sobre cómo podría resultar un posible día habitual dentro de diez años, en convivencia constante y transparente con una nueva generación de tecnologías inteligentes:

¡Buenos días!

A la ducha

De camino al trabajo

Al restaurante

Una energía inteligente

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Hoy en día cuesta imaginar algo más presente en nuestras vidas que la tecnología, pero si lo piensas un poco es fácil detectar una cosa que, no sólo es más ubicua que ella, sino que es vital para su funcionamiento: la energía. La energía nos ayuda a viajar, a alimentarnos y a trabajar, por lo que claramente podríamos considerarla como un recurso vital en nuestras vidas.

Por otro lado, la tecnología y las tendencias de negocio digitales están impulsando al sector energético a explorar nuevas posibilidades de redes inteligentes o smart grids, que sin duda mejorarán la resiliencia de las redes de distribución, integrarán a los consumidores con los mercados de energía y permitirán nuevos modelos de aprovisionamiento impulsando la digitalización del sector.

¿Y qué hacer con un recurso vital a punto de sufrir una gran transformación? Prepararse.

En España estamos comenzando a dar los primeros pasos hacia un nuevo escenario en donde, si lo hacemos bien, contaremos con una energía más inteligente. Tal vez en algunos meses comenzaremos a convivir con contadores inteligentes o smart meters en nuestras casas que reemplazarán antiguas cajas, y traerán consigo un buen saco de oportunidades más allá de la telegestión y ahorro de la visita del “señor de la luz”.

Gartner Smart Grid Key Initiative Overview

Desde el punto de vista de las empresas proveedoras de energía, planteando nuevos modelos de negocio digitales que pongan en valor el conocimiento detallado de los patrones de distribución y consumo energético de sus clientes, y ayuden en cuestiones tan relevantes como el análisis predictivo de la demanda, la optimización y la comercialización dinámica.

Desde el punto de vista de los consumidores, facilitando la construcción de redes domésticas que gestionen sus tecnologías de una manera consistente (integrando servicios domóticos, multimedia o de seguridad como los recién adquiridos por Google) y eficiente (ajustando el funcionamiento de sus sistemas no críticos -como los electrodomésticos- a las franjas horarias de menor demanda y consecuente menor coste).

Sin lugar a dudas, un nuevo escenario energético en donde la tecnología tendrá un papel cada vez más relevante en los modelos de negocio que lo sustenten:

  • Convergiendo los diferentes mundos tecnológicos de las empresas de servicios (la IT o Information Technology más tradicional con los ERPs o CRMs; y la OT u Operational Technology más operativa con las redes o los sensores).
  • Integrando nuevos mecanismos de seguridad que protejan un recurso vital para clientes, empresas y sociedad a través de iniciativas de ciberseguridad lideradas por el CNPIC (Centro Nacional para la Protección de las Infraestructuras Críticas).
  • Construyendo nuevos enfoques que pongan en valor toda la información que se generará, y concibiendo los datos como el petróleo del siglo XXI.

Nuevos retos, nuevos riesgos, nuevas oportunidades. ¿Te animas?

Impresiones en 3D

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De manera más o menos recurrente los medios de comunicación suelen hacerse eco de nuevas tendencias tecnológicas que prometen cambios significativos en nuestra manera de vivir o de hacer negocios. Disrupciones que, cuando se materializan en un objeto físico concreto como por ejemplo unas gafas o un coche (por supuesto, todos con la omnipresente etiqueta de “inteligente”), generan noticias atractivas para el espectador y ayudan a llenar los telediarios.

Y si esto ocurre con un mero objeto, ¡qué pensar sobre otras innovaciones que ayuden a “imprimir” objetos en el propio salón de tu casa! Hablo de las impresoras 3D.

Aunque la tecnología que sustenta la impresión 3D existe desde los años 80, en los últimos años ha cobrado un inusitado protagonismo por la presencia de alternativas a precios muy asequibles, que van desde los 500 euros, y permiten tener una impresora tridimensional en tu propia casa. Ahora bien, ¿será un producto atractivo en el mercado doméstico? ¿Qué oportunidades brindará en el panorama empresarial? ¿Y qué hay sobre los retos que supondrá este tipo de innovaciones en cuestiones tan importantes como la seguridad o la propiedad intelectual?

Muchas preguntas encima de la mesa, pero pocas respuestas claras a día de hoy. A día de hoy, la técnica que permite la “adición” o impresión de objetos está consolidada, pero todavía le falta para considerarla madura. Existen muchas investigaciones para crear nuevas resinas como los termoplásticos, los fotopolímeros u otras más exóticas como el chocolate para imprimir alimentos comestibles que facilitarán la detección de nuevas oportunidades de uso, aunque ya comienzan a compartirse algunos casos de éxito muy relevantes, como por ejemplo:

  • La salud, llevando a la realidad ejemplos como la reciente impresión de un cráneo en tres dimensiones para su implante en una paciente holandesa con una enfermedad degenerativa.
  • La industria y los equipos de ingeniería, facilitándoles la creación de prototipos de bajo coste y en un tiempo record.
  • El comercio minorista, permitiendo la impresión de objetos sencillos cuyo valor principal reside en el diseño, como los casos ya existentes de moda, decoración o simples carcasas de móvil.

Pero también de otros menos atractivos, como el inquietante caso de impresión de armas de fuego sin elementos metálicos y más complicados de detectar en los controles rutinarios; o las sinergias con otras tecnologías como el escaneo 3D con gafas inteligentes tipo Google Glass de objetos a la vista, o incluso de personas.

En definitiva, un mundo complejo por descubrir con un reparto casi a partes iguales entre los beneficios que podrá aportar en el campo domestico y sobre todo empresarial, así como de retos a solventar en el medio plazo en donde destaca la gestión de la seguridad en sus múltiples vertientes como la propiedad intelectual o la privacidad.

Muchos han comprendido la necesidad de reflexionar sobre ello, y grandes de la impresión tradicional como HP han prometido exponer su propuesta de valor dentro de unos meses (punto positivo para ellos por establecer el centro internacional de I+D de impresiones 3D en su sede de Barcelona). ¿Aprovechamos y reflexionamos nosotros también?

Una vida digital: De camino al trabajo

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Viernes, 1 de marzo de 2024.

Querido diario.

(Viene del artículo “Una vida digital: A la ducha”)

De camino al trabajo

Después de un buen desayuno las cosas se ven de otra manera (por algo dicen que es la comida más importante del día). No obstante, esta mañana no tocaban grandes homenajes, y mientras acababa de vestirme, el robot de cocina terminó de preparar a tiempo el desayuno que el Sistema me había recomendado. Cereales de avena con leche y zumo recién exprimido de las naranjas que llegaron de la compra automática de ayer por la noche, y que hacía menos de veinticuatro horas eran parte de un naranjo valenciano.

Últimos retoques delante del espejo, y ya estaba listo para comenzar la jornada. ¡A la oficina! Y es que para un día que iba a la semana y no teletrabajaba desde casa, no fuéramos a llegar tarde. Mañana del viernes condensada de reuniones que requerían ser presenciales, pero productiva donde las fuera. Sí señor.

Con la puerta ya cerrada y los tres pitidos inconfundibles que indicaban cómo el Sistema comenzaba a configurar la casa con los escenarios de seguridad y limpieza programados, no quedaba más que despedirse amablemente del conserje y enfilar hacia el centro de la ciudad.

Todavía quedaban unos minutos para que el autobús que había solicitado llegara a la puerta de mi casa, pero ya me encontraba expectante por ver cuál de las personas que se me había sugerido había confirmado su asiento junto a el mío. Por ser honestos, este era uno de los momentos más divertidos de las mañanas de los viernes.

Desde hacía unos meses había desterrado el coche al garaje para este tipo de trayectos, y confiaba en una plataforma de transporte colaborativo en la que solicitaba un trayecto desde mi vivienda hacia la oficina en un rango de horas determinadas, y junto al resto de usuarios que pudieran estar interesados en una trayectoria similar, pujábamos para determinar la ruta final y el ir más directo o con más rodeos a nuestros destinos. Esto estaba muy bien por la parte económica y ecológica (aparte de ser un transporte compartido era eléctrico), pero lo que más me gustaba era la posibilidad de conocer a nuevas personas de interés en tus círculos sociales y viajar con ellos en asientos contiguos si aceptaban.

Al principio sonaba un poco extraño, pero gracias a las ocasiones en las que me decidí a viajar de esta manera tuve la oportunidad de compartir viaje con un par de personas muy interesantes: una en el ámbito profesional que trabajaba en un potencial cliente; y otra que me ayudaría a mejorar idiomas, pues era un francés recién trasladado y convenimos en hacer dos trayectos al mes juntos, uno hablando su idioma y otro el mío. Eso sí, tengo que confesar que por ahora solo lo he probado dos veces. En el resto de ocasiones, la única compañía había sido el café con leche que había reservado y me estaba esperando humeante en el reposabrazos de mi asiento.

Un trayecto rápido, seguro, con compañía interesante… y ya estábamos en el centro de la ciudad. Peatones dormidos por aquí, publicidad contextual que siempre me recordaba a alguna escena de Minority Report por allá, y ¡la oficina! Y como todavía no se ha inventado tecnología que reemplace mi propio trabajo, no quedaba otra opción que entrar e iniciar la jornada laboral.

8:00AM, comenzábamos la primera reunión.

Continuará.

 

 

Este artículo forma parte de una serie titulada “Una vida digital”, en donde describiré mi entendimiento sobre cómo podría resultar un posible día habitual dentro de diez años, en convivencia constante y transparente con una nueva generación de tecnologías inteligentes:

¿Tienes un Chief Digital Officer?

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21/3/2014, BBVA cambia su organización para acelerar la transformación digital…

26/2/2014, Telefónica impulsa su transformación total en una Telco Digital…

Algo empieza a cambiar en el panorama empresarial español. Lo que hasta hace poco eran palabras bonitas y buenas intenciones sobre cómo abordar la transformación digital de nuestras organizaciones, paulatinamente comienza a verse traducido en hechos concretos. Cambios que pretenden alterar el ADN de estas empresas y que están impactando en sus modelos organizativos, su liderazgo y hasta su cultura corporativa.

Vivimos un cambio de época, no una época de cambios:

  • Si estás perdiendo cuota de mercado porque de repente tus productos ya no son relevantes; si estás viendo cómo nuevos competidores o audaces innovadores comienzan a robarte clientes que te habían sido fieles desde hace mucho tiempo; si te mueves en una industria como la turística en donde el sector tradicional perdió 250 millones de dólares en 2012 en París por la incursión de Airbnb… ¿no crees que necesitas un cambio?
  • Si estás perdiendo contratos porque no consigues igualar las capacidades ofrecidas por tus competidores; si estás rechazando oportunidades de negocio porque no consigues diseñar el business case que alcance los márgenes de beneficio esperados;  si tu ámbito son las concesiones y quieres entender cómo poner en valor nuevas tecnologías de sensorización para aumentar tu cuota de mercado y ser una plataforma de servicios hacia terceros… ¿no crees que necesitas un cambio?

Desde mi punto de vista, no hay que ser un gurú para entender cómo las reglas del juego están cambiando en muchos sectores, y esto es debido en gran parte al poder de la transformación digital. Potencial que se concreta en nuevas ventajas competitivas a través de elementos físicos como la Internet de las cosas o la impresión 3D, que redefinirán el rol de la tecnología en nuestras empresas.

Parafraseando a Gartner en uno de sus informes más recientes Agenda Overview for Digital Business, 2014 esto se refleja en el poder de la fusión de los mundos físicos y digitales, a través de estrategias tecnológicas que contemplan Personas, Negocios y Objetos de una manera exitosa.

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Ahora bien, ¿cómo comenzar a dar los primeros pasos en esta aventura? Para gustos los colores, pero a día de hoy ya podemos confirmar que existen casos de éxito basados en estrategias del cambio más o menos ambiciosas.

Por un lado, existen una serie de empresas -pocas en España, por ser honestos- que están comenzando a incluir en sus organigramas el rol del CDO o Chief Digital Officer. Esta figura, con asiento de manera habitual en los Consejos de Dirección de las empresas que se atreven a dar este paso, cuenta con responsabilidades globales sobre todas las áreas de la organización en el ámbito de la transformación digital. No obstante, aunque sí suele contar con capacidad de coordinación y liderazgo de este tipo de iniciativas, no cuentan con una P&L propia ni con equipos más allá de su propia persona.

Por otro lado, existen otras empresas que han decidido realizar un cambio más profundo dentro de su organización, y han decidido dar un especial protagonismo a la unidad de negocio responsable del terreno digital. Eso sí, entendiendo el ámbito digital como algo más allá del marketing o el comercio electrónico, y contemplando el desarrollo de otras evoluciones de su cadena de valor tradicional en el mundo de los ceros y los unos.

Desde mi punto de vista, independientemente de la manera que elijas abordar el cambio, lo más importante es comenzar a hacerlo. El mirar hacia otro lado no creo que sea una opción, y no vale escudarse en la posición de fortaleza desde la que se parta. Otros más grandes han caído.

Para un segundo; reflexiona sobre el futuro digital de tu negocio; reorganízate y ¡a por ello! Si no, otro lo hará por ti.

Una vida digital: A la ducha

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Viernes, 1 de marzo de 2024.

Querido diario.

 (Viene del artículo “Una vida digital: ¡Buenos días!”)

A la ducha

Todavía un poco dormido, pero con la sensación de haber descansado lo suficiente, me dirigí al cuarto de baño sin saber que la próxima vez que lo hiciera, lo haría habiendo recibido una noticia que me cambiaría la vida para siempre. Pero bueno, vayamos paso a paso.

Ya en el baño, con la puerta cerrada y la insonorización activada, comenzaba mi ritual de todos los días. Hoy era la primera vez que probaba el nuevo escenario de bienvenida al cuarto de baño, y decididamente la combinación de iluminación, olor, temperatura e hilo musical me sugirió el Sistema había resultado bastante agradable. La ducha ya tenía el agua precalentada a mi temperatura y presión favoritas, por lo que no tardé mucho en meterme al lío y darme un buen baño. Lo dicho, no existe tecnología que mejore la sensación de una buena ducha a primera hora de la mañana.

Esto ya era otra cosa. Una vez duchado, y totalmente despierto, el Sistema configuró el escenario de secado y afeitado, por lo que la iluminación ya era completa y las noticias se escuchaban de fondo. Los deportes bien, la economía mal… vamos, lo de siempre. Lo que sí era positivo de verdad era el halo verde que rodeaba al espejo, y que indicaba que tanto las mediciones de peso y grasa corporal que me había tomado la ducha, como el análisis de orina del inodoro, estaba mucho mejor de lo que me esperaba tras la copiosa cena de ayer por la noche. Buenas noticias, en mayúscula.

Ya frente al espejo pude ver los detalles en su pantalla anti vaho. Todos los valores eran los adecuados y, lo mejor, en la competición social con mis amigos seguía manteniendo la medalla de plata en el campeonato para ver quién era el primero en llegar a su peso ideal antes del verano (en efecto, una operación bikini en toda regla). Además, a la vista de estos resultados, seguro que el Sistema incorporaría algún capricho en forma de carbohidratos en la siguiente compra automática que realizase para las cenas de este fin de semana.

Una vez seco y con las luces infrarrojas de secado desactivadas, poco me quedaba antes de silenciar las tripas que estaban comenzando a rugir (bendito sistema de insonoración). Gracias a la cámara del espejo y el sistema de realidad aumentada para guiarme en el perfilado de mi barba, el último acicalado fue cosa de minutos. Cortecito por aquí, ajuste por allá, y tras una revisión rápida de las portadas de los periódicos del día en la derecha del espejo, listos.

Bueno… realmente para estar totalmente listos me faltaría el cepillado de dientes, pero antes de eso,  ¡a desayunar! La tecnología puede esperar. Mi zumo de naranja recién exprimido, no.

Continuará.

 

Este artículo forma parte de una serie titulada “Una vida digital”, en donde describiré mi entendimiento sobre cómo podría resultar un posible día habitual dentro de diez años, en convivencia constante y transparente con una nueva generación de tecnologías inteligentes: